La nueva vida del Ronquillo

Una breve historia

La historia del Restaurante Ronquillo es un tanto peculiar. Empieza hace más de 50 años cuando la familia del padre de los hermanos Pérez, actuales dueños, se hace cargo de la fonda sita en el mismo lugar.

El restaurante está situado en un cruce de caminos en Ramales de la Victoria, con un contexto socio-cultural marcado por el paso de Carlos V en su retiro a Yuste, de romanos en su conquista desde la costa… y que dio alas a un sueño de la familia Pérez.

El Ronquillo es una herencia que recogen los hermanos, David y Cecilia Pérez, fruto de lo que en su día fundaron su padre y sus tíos al arrendar la fonda Jacinto y convertirla en un restaurante. Con el tiempo, sus padres se quedaron con el restaurante en solitario, llegando a dar 120 comidas diarias de auténtica cocina tradicional aprendida de manera autodidacta.

Este legado se ha mantenido a día de hoy ya que se respeta su forma de trabajo, elaborando una cocina con raíces de tradición y sabor.

Además, durante la última década, el restaurante ha sufrido una transformación integral como parte de este proyecto de vida que han emprendido los hermanos Pérez, pero siempre respetando las raíces y la tradición de la que provienen. Todo este proceso de crecimiento les ha llevado a obtener su primer sol Repsol en 2021.

David Pérez

La cocina del restaurante Ronquillo está a cargo del chef David Pérez. Es una cocina de cercanía, aunando la tradición y la vanguardia como legado de una historia de aprendizaje entre la cocina arraigada de una madre y la de los grandes jefes de cocina con los que se ha ido formando durante el camino que le ha llevado a emprender este proyecto de vida.

Fundamentalmente se traduce en una fusión de la cocina de la zona, siempre con productos “km.0”, respetando la naturaleza y estaciones del producto para elaborarlos sin comprometer su sabor con las nuevas técnicas de vanguardia y los recuerdos de los diferentes viajes por las cocinas del mundo.

Cecilia Pérez

La jefa de sala y copropietaria, Cecilia Pérez, igual que su hermano, se crió entre las piedras de la casona que es ahora el Restaurante Ronquillo, con las enseñanzas de sus padres, Jesús y María Ángeles. Ella es también la responsable de cuidar y gestionar la bodega del establecimiento, con más de 120 referencias.

De esta manera, en el Restaurante Ronquillo se busca constantemente esa sintonía perfecta entre vinos jóvenes y prometedores de la zona de Cantabria (que creen en sus proyectos tanto como lo hacen en el Restaurante Ronquillo) así como con vinos de bodegas con más tradición y bagaje, siempre respetando unos criterios y abiertos a nuevas fronteras para aprender de ellas.

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Qué visitar en Ramales de la Victoria

Ramales de la Victoria es un pueblo de 2.242 habitantes que se encuentra en el extremo este de la comunidad autónoma de Cantabria. Limita con la provincia de Vizcaya, entre las poblaciones de Rasines, Ruesga y Soba.

Lo atraviesan el curso del río Asón y el de sus afluentes, el Gándara y el Carranza, conocidos por la pesca y el valle del mismo nombre. El río fluye y en sus márgenes alberga bosques y praderas, que se extienden hasta la base de escarpados acantilados y afloramientos de roca caliza. Con el pasar de los siglos el agua ha hecho su labor horadando multitud de grutas y cavidades en la roca. Esas peñas coronan a alturas que rondan los 700 metros.

Los más altos son el pico del Carlista, con 703 metros de altura, y El Moro, con 823 metros, en el límite con el País Vasco.

Este pueblo fue el escenario donde tuvo lugar la batalla de Ramales en 1839. En ella, el general Baldomero Espartero venció a las tropas del pretendiente Carlos durante las guerras carlistas. Así obtuvo el título nobiliario de duque de la Victoria. Esta es la razón por la que Ramales se convirtió en la capital del municipio y añadio «De la Victoria» a su nombre.

CUEVAS DE COVALANAS, CULLALVERA Y EL HAZA

Ramales de la Victoria es conocido por las cuevas de Covalanas, Cullalvera y El Haza. La cueva de Cullalvera está en el núcleo urbano. Se han encontrado indicios de ocupación humana desde el Paleolítico Superior. Las pinturas rupestres datan del Magdaleniense medio superior, hace unos 13.500 años. El arte rupestre de esta cueva está a unos 600 y 1200 metros de profundidad. Además, su sistema cárstico con corrientes de agua sigue activo. La visita incluye un vídeo acompañado de un espectáculo de agua, luz y sonido que transporta al visitante al interior de la cavidad mientras narra la historia de esta cueva y de otras de la región desde la Prehistoria hasta la historia más reciente.

La cueva de Covalanas se encuentra a unos 2 kilómegtros del pueblo en la nacional a Burgos. Su cronología parece situarse en una fase antigua, en torno a los 20.000 a.C. La técnica utilizada en las pinturas rupestres es el trazo punteado o baboso. Las ciervas, el uro y un caballo representado son de gran realismo y belleza, al simular movimiento. Fueron realizadas hace 25.000 años y son las más antiguas de esta técnica puntillista, que consiste en aplicar el colorante sobre las paredes con el dedo o con un tampón. Las obras están en un estado de conservación excepcional, llegándose a observar las marcas dactilares del artista.

La cueva de El Haza se encuntra en el camino del mismo nombre que sale de Ramales. La cavidad posee indicios de ocupación del Solutrense con manifestaciones rupestres de unos 19.000 años de antigüedad. Descubierta por H. Alcalde del Río y L. Sierra, fue dada a conocer por ellos y Breuil, en 1911. Recientemente, ha sido estudiada por M. García y J. Eguizábal, quienes han publicado el estudio más completo hasta la fecha. Contiene manifestaciones solutrenses que fueron alteradas cuando se adecuaba para ser visitada. Alberga un interesante conjunto de pinturas rojas, con animales como caballos, cápridos, un reno, una cierva y un cuadrúpedo. Algunos partes del cuerpo y otros con relleno de tinta plana. También se conservan signos cuadrangulares a base de líneas y manchas.

Vía ferrata de El cáliz

Se construyó en 2011 para cubrir una de las paredes verticales, que forman parte de la escuela de escalada del camino del Haza, en Ramales de la Victoria. Se trata de una vía muy estética, sin dificultad, a pesar de que cuenta con un tramo final con mayor verticalidad y con una panorámica espectacular del Pico San Vicente. Está clasificada como K2 (poco difícil) el recorrido inicial y la rama que elude el puente y como K3 (algo difícil) el tramo que lleva al Puente Tibetano.

El recorrido transita por unos 200 metros y la ascensión cuenta con 120 metros de desnivel. La excursión se inicia desde el parking, dirección norte. Después del mirador de las Covalanas, se encuentra el cartel indicativo del inicio de la Vía Ferrata del Rio Calera y tras unos 5 minutos más de caminata se llega a una gran piedra. Junto a ella, a la derecha, se observa el cartel informativo y el inicio de la vía de El Cáliz.

Una de las peculiaridades de esta vía es el puente tibetano de 10metros de longitud que se cruza cuando se escoge la variante 2 del recorrido. Por otra parte, se pueden hacer dos tramos de rapel de la Cueva Mur, que se completan con unos 35metros cada uno.

La vía es apta para todos los públicos, incluidos los niños y en caso de escoger realizar los rapeles, es necesario llevar 2 cuerdas de 40 metros de equipamiento.

Palacio de Revillagigedo

Ubicado en la calle Barón de Adzaneta, es un palacio blasonado construido en el siglo XVIII. Ha sufrido una profunda restauración debido a los desperfectos ocasionados durante las guerras carlistas. Se trata de un bloque de cuatro pisos condos torres. El zaguán estaba precedido por tres arcos de medio punto rebajados, que fueron tapiados más tarde.

Tiene carácter monumental y está incluido en el Inventario General del Patrimonio Cultural de Cantabria desde el año 2001. Las dos torres presenta los escudos de armas de Güemes y Horcasitas. Precisamente, fue residencia de Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, nacido en 1681, virrey de Nueva España desde 1746 y primer conde de Revillagigedo.

Rutas de senderismo

La riqueza natural de los alrededores de Ramales de la Victoria permiten disfrutar de multitud de rutas de senderismo por las que caminar disfrutando de la naturaleza. De hecho, el Pico San Vicente, petreo guardian del pueblo y sus alrededores es el escenario de varias de estas rutas. La que lleva el nombre del pico es una ruta de 11,32 kilómetros de recorrido y 937 metros de desnivel. El itinerario comienza en Ramales (Salto del Oso), pasa por Bolay, Encinar del Gándara, El Bolarrón, Manzaneda, sube a Pico San Vicente, regresa a Manzaneda, a Encinar del Gándara, de ahí al Río Gándara, y de nuevo a Bolay, y finaliza en Ramales (Salto del Oso), donde empezó.

Otra conocida caminata es la de La Dama Roja, en un trayecto circular desde Ramales de la Victoria. Son 9,25 kilómetros y 513 metros de desnivel. El itinerario pasa por las cuevas de Cullalvera, Baranda, Covalanas y es muy sencilla de seguir y fácil físicamente.

Por último, destacar (aunque hay muchas más) otra ruta que tiene al Pico San Vicente como protagonista. Es una de las más largas y exigentes. Se trata de un recorrido de 18,91 kilómetros y 114 metros de desnivel. Sale desde Ramales de la Victoria hacia el sur, cruza el puente del río Gándara y sigue por la margen izquierda. Después de pasar el primer caserío en el camino se encuentra un cruce, por la izquierda se sigue en dirección a Manzaneda antes de afrontar al paso entre el Pico San Vicente y Peña la Busta. Tras subir la montaña se sigue por el GR-74, que es el llamado camino de San Pedro, antes de volver a Ramales.

Iglesia de SAn Pedro

Se trata de una pequeña y sencilla iglesia con una torre blanca. La parroquia de San Pedro data del siglo XVII pero su orígenes se remontan a un templo del siglo XII que dependía del monasterio de San Salvador de Oña. La fachada ha sido prácticamente reconstruida, en 1953 y en 1986. El interior es más atractivo. El retablo principal pertenece al estilo churrigeresco de 1727 y está consagrado al al apóstol San Pedro.

En la parte superior del retablo se encuentran, a ambos lados, los escudos de armas de la casa de Saravia (antiguos caballeros feudales) tallados en madera, y un arco de medio punto del siglo XVI. En el lado del Evangelio se encuentra la capilla del caballero de la Orden de Calatrava, Juan Ruiz Saravia, decorada con cruces y un retablo neogótico